Nucho86

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Último juego

La historia de un asesino patológico 17/03/2017


Hipólito Mata era un hombre blanco, de contextura delgada y de baja estatura. Era una persona aparentemente normal pero de armas tomar, nadie en su sano juicio le iba a buscar pleitos precisamente a él. Yo no había nacido cuando él murió pero seguro fue un hombre dotado de un alto nivel intelectual o astucia ya que sus múltiples crímenes sólo fueron descubiertos por casualidad.

Dicho sea de paso, era un hombre cabal; estaba en el negocio de la construcción y un día uno de sus camiones se estrelló con la fachada de una casa. Él se apersonó al lugar y les aseguró a los dueños de la vivienda que iba a reparar los daños y así lo hizo a la brevedad posible sin ningún tipo de miramientos.

Dice la historia que ese hombre casi nunca bebía y si lo hacía no se emborrachaba pero tenía un defecto, le gustaba el juego. Prácticamente todos los días del mundo se escapaba para jugar, y era un jugador muy talentoso. Él le pagaba a sus trabajadores y luego se ponía a jugar con ellos hasta dejarlos sin un centavo, luego les ofrecía dinero prestado por si querían seguir jugando (para volverlos a arruinar) o por si querían ir a sus casas a mantener a sus familias. (En una época donde no había internet y casi no había televisión quién lo iba a culpar por ser adicto al juego?

En un cierto día, por diferencias en un juego de barajas, un negro frustrado se levantó de su silla y le metió una bofetada. Él respondió "Ay negro, cómo te equivocaste, pídeme disculpas y no te tendré que matar" Pero el negro, seguramente viendo que su rival era mucho más pequeño que él, no se intimidó en lo más mínimo y lo que hizo fue abalanzarse contra él como una fiera pero no pudo hacer nada porque varios hombres lo aguantaron. 

Hipólito con cara de tristeza se fue a su casa, cargó su escopeta de dos cañones calibre 12 y regresó al lugar del juego.Se colocó detrás del negro y le descargó la escopeta por la espalda, dos veces, echó la escopeta al suelo y sacó un revolver para defenderse por si acaso alguien quería hacer justicia. Cabe recordar que esto no era el Lejano Oeste, era un pueblo pequeño, tranquilo, donde casi nunca habían asesinatos y la gente no solía andar armadas. El negro sin embargo demostró ser fuerte, sobrevivió a los disparos casi 20 días pero al final terminó sucumbiendo ante la infección, era prácticamente imposible sacarle todos los perdigones incrustados en su cuerpo.

El asesino fue a la comisaría más cercana y se entregó, convencido de que el negro iba a morir. Ese acontecimiento fue un escándalo en aquel pequeño pueblo, pero hay que ser sinceros, hasta aquí la historia no ha sido nada interesante.

Luego de eso la débil y poco preparada policía de aquel entonces hizo varios allanamientos en su casa pero no encontraron nada raro, solo un pozo muy hondo del que usaban en los tiempos primitivos para extraer agua subterránea.

En ese tiempo, durante la encarcelación de Hipólito, empezaron a circular rumores como estos: "Ese Hipólito también me quiso matar a mí, me invitó a su casa para echarnos unos tragos y como a las dos de la mañana dijo que ya no aguantaba más y que se iba a dormir y luego regresó con un revolver y me salvé de milagro porque la primera bala no detonó y luego falló los otros tiros porque yo salí corriendo como alma que lleva el diablo, estaba tan asustado que la borrachera se me quitó en el acto no sé ni cómo salté la muralla de piedras con púas en lo alto".

Y varias personas contaron exactamente la misma historia, Hipólito, el asesino inteligente y astuto, que casi nunca bebía hasta emborracharse, había cometido varias veces el mismo error de dejar escapar a sus víctimas. Las víctimas no lo habían denunciado ¿qué iban a denunciar? era la palabra de ellos contra la de Hipólito, incluso éste podría haber dicho que los había encontrado dentro de su casa intentando robar.


Después de la entrega de Hipólito su casa quedó completamente abandonada, cabe mencionar que vivía solo, y es aquí que viene lo feo de esta historia. La familia sacó lo más que pudo, pero pronto los amigos de lo ajeno se metieron para robar lo que quedaba, cuenta la gente que se robaron hasta los marcos de las puertas.

Después de saquear lo más obvio empezaron a buscar las supuestas riquezas enterradas, pero no encontraron nada. Sólo quedaba el pozo por explorar, algunos intrépidos arrojaban piedras y objetos al pozo y notaban que era muy hondo pero las linternas no tenían la potencia suficiente para alumbrar el fondo.

Seguramente por esas ganas de encontrar el oro escondido y el deseo innato del ser humano de explorar lo desconocido, hicieron que un grupo de valientes encontraran cuerdas lo suficientemente largas para bajar. En este punto hay que ser tonto para no imaginar lo que encontraron en el fondo, aunque estos muchachos no se lo imaginaban, ellos pensaban que iban a encontrar oro.

Fue triste porque encontraron más de treinta cadáveres arrojados al pozo a lo largo de varias décadas, ninguno pudo ser identificado con los primitivos medios con que contaba la policía de aquel entonces. Además, el asesino seleccionaba bien a sus víctimas; borrachines, vagabundos, viejos sin familia, personas a las que nadie echaría de menos si algún día desaparecían.

Nadie nunca se lo hubiese imaginado, un asesino en serie en su propio pueblo.

PD. Si te gustó el relato deja tus comentarios, para ver si me animo a hacer otros por el estilo. Tengo dos historias reales que te podrían gustar pero antes debo asegurarme de que tengo público.

Gracias, buen fin de semana.
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